Mostrando entradas con la etiqueta Él no se llama Romeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Él no se llama Romeo. Mostrar todas las entradas

domingo, junio 16, 2013

Casi que me duele que no me duelas tanto, corazón.

Lo he conseguido, al fin, y en menos tiempo del que pensaba. Mucho menos. 
He logrado olvidarte, y más profundo es aún darme cuenta que en realidad no te amaba.
En mis últimas relaciones siempre me pasa lo mismo... me pongo a meditar sobre tantas cosas que termino abriendo cajas que nunca han estado cerradas.
No te amé, ni he amado a nadie después de Jota.

Tantas palabras dedicadas, tantos poemas, tantas fotos, entradas a cine, tantos sentimientos, lágrimas, celos... tantos besos, tantas velas, tantos cafés compartidos y tantas rosas... tanto sentir para hoy saber que no es suficiente. No eres el amor de mi vida.
No tengo en mi cabeza a ningún hombre, ni siquiera a ti que lo eras casi todo. Y cuando pienso en el amor, ya no pienso en ti.
Hace años que no estoy enamorada.
Así, como la larga lista después de Jota: Como G, com F, como Santi, como todos... te vas de mi corazón y ni siquiera haces ruido. Y no siento ni un milímetro de necesidad de pedirte que te quedes.
Entonces... en realidad no sé si te he olvidado, o si nunca te amé más allá de las palabras que podías inspirarme. Creo que pasará un largo tiempo para que yo, de nuevo, escriba un poema

viernes, marzo 29, 2013

46. Me gusta sentir las miradas tristes que dicen oye ven aquí, estoy yo y allá estas tu, ven y háblame un rato

Llevo una semana sin poder cerrar los ojos tranquilamente por las noches. Cuando lo hago, me paso del tiempo y dejo de cumplir con lo que debo hacer. 
Hace una semana te perdí, y hace una semana me siento sola.
Es algo que hace muchos años no me admitía, quizás por no sentirlo del todo.

Me siento en la cama ausente de sueños y, de repente, ya no sé qué debo hacer ni me siento segura de qué es lo que necesito. Será quizás que extraño otra vida para mí. 

Todas las visiones que me proyectaba en el techo antes de dormir se han ido. Ya no están Zafer Plaza ni Taksim. Se perdieron las recetas que ibas a enseñarme a preparar, y muy rápidamente se perdieron las canciones, las que tocabas con la guitarra como diciendo mírame Wen, que toco esta canción para ti, anda y siéntate conmigo. Y los lunares, los lunares que me pertenecían se me han olvidado. Ya no quedará ninguno para mí. 

Se me arruga el corazón, se me tuerce. Se me parte cuando pienso a dónde voy y cuándo. No sabía ni alcanzaba a imaginar lo mucho que duele deshacer un plan cuando se vuelve tu vida, tu plan maestro, tu capilla sixtina. 
Hoy fui a ver a los delfines, porque me hace feliz hacerlo, y vi el cielo y estuve en el río y en el mar, y nada.... ni siquiera esa sensación de respeto y libertad se compara con una microdécima de la felicidad que tenía a tu lado, incluso sin tenerte. Y ahora que no te tengo, ya no sé qué camino elegir.
No tengo el valor de pedirte que no vengas, pero tampoco sé si puedo pedirte que lo hagas. No sé si soy capaz de irme con los ojos cerrados y aventurarme una vez más... a veces para eso, sin importar la edad, no quedan energías. 

Y daría todas las nubes por volver a ese momento, a ese segundo en el que decidimos que lo mejor para los dos era acabarlo todo.

viernes, marzo 22, 2013

43. Modo pezuñicure

Hace una semana terminé mi relación con Kaya otra vez. No es de lo que quiero hablar hoy, tranquilos, aún no estoy lista para torturar con mis post depresivos. 
Sin embargo, algo que me identifica como mujer y, como persona en general, es definitivamente mi reacción a la tristeza. No suelo beber alcohol o irme de fiesta, o tragar litros de helado y Doritos luego de sentirme triste. 
Yo a menudo soy de las que se tiran en cama entre veinte capas de cobijas aunque haga calor, de las que lloran y escriben y se preguntan por qué el mundo es tan cruel.
Esta vez he optado por algo diferente para no sumergirme en la tristeza post-rompimiento. Me he ido al salón de belleza porque lo necesitaba urgentemente y porque hacía mucho tiempo no iba. 

Para centrarlos un poco, debo aclarar que hace dos años y más yo era la mujer más vanidosa del mundo mundial. Iba cada semana al salón a hacerme mani-pedi y secarme el cabello, hacerme tintes, cortes y me mantenía prolija.
Luego de que llegara Mayo el año pasado, empecé a recortar al 99% mi presupuesto por una deuda bancaria que adquirí para viajar en Junio y Julio. Una deuda que sumaba los 1700 dólares y que, cuando ganas un sueldo de mierda como yo, te tardas en pagar. El primer abono lo hice en Diciembre de 250 dólares que me dolieron en el alma. Luego en Febrero dí 350... y luego unos 500 y así, hasta que al fin mi deuda no sube de los 700, que pronto terminaré de pagar. Entonces ya soy dueña de mi sueldo de nuevo y me acaba de dejar mi "novio"(?). Durante todos estos meses no me he arreglado el cabello en un salón ni nada parecido, aunque no me cuesta nada hacerlo yo misma.. con las uñas es otra historia. Se debe tener cuidado de no maltratarlas y, por favor chicas escuchadme.. DEJEN ESO A LOS PROFESIONALES...
El caso es que hoy en la mañana me fui al centro y llegué a mi salón usual. Estaba repleto, por supuesto, es viernes. Ni modo. Tenía prisa así que me fui del lugar y caminé a otro salón que parecía un poco más costoso y que nunca había visto. De esos de sillas negras y muebles de cuero, paredes blancas y muchachas uniformadas en negro con un gran L'OREAL PARIS atrás bordado en letras blancas. 
Al entrar, el salón estaba vacío y me di cuenta de que acababan de abrir. Me atiende una niña joven llamada Dilibeth que, con voz de azafata me pregunta qué deseo y le explico mi situación... me he pellizcado la cutícula de las manos con los alicates, tratando de arreglarlas en casa.
Me sonríe y me dice que me siente y me da una taza de té. 
Me sentí tan VIP.. tan Sarah Jessica Parker... tan en la quinta avenida. A ver que nunca me habían tratado así en un salón de belleza porque siempre iba a uno muy cutre a solo dos locales de distancia. Estuve a punto de hacerme de Fergie y cantar 'G L A M... O R O U S... we fly in first class up in the sky....' 
En fin...
Dilibeth se sienta frente a mí y me pide que le extienda mis manos. Al verlas, con cara de madre me pregunta:
-¿hace cuanto no te haces manicura?
-Uff.. años....!!!

Puso una cara como si le hubiese dicho "Uff... años!!! he estado muy ocupada matando cachorros callejeros"

Dilibeth tuvo mucha paciencia conmigo. Me cuidó, me hizo un masaje en las manos, me hizo el mejor manicure de mi vida y me dejó las uñas prolijas. 
No tengo una foto del antes, pero sí del después.... me han quedado preciosas, y para los que conocen mis manos, saben que no estan ni cerca de ser mi mejor atractivo...



Hay que consentirse chicas!!! Aunque sea una vez al año.

miércoles, marzo 13, 2013

42. Tócame los dedos, pero por lo que más quieras, no me des la mano.


Hay palabras que pueden cambiarlo todo, desde el momento exacto en que se forman en la lengua y se escapan de la boca. Hay palabras que no son como los discursos presidenciales... no te puedes retractar. 
Las que se dicen con soberbia son un peligro, esas que por defecto ya son malas e hirientes y al unirlas, se multiplica el dolor de quien las recibe. 

Ayer te enfadaste. Llevamos varios días discutiendo y nos molestamos, como se nos está volviendo costumbre. Me escupiste y me clavaste unas palabras que, desde mis oídos parecieron salir de un lugar tan profundo dentro de ti, que parecía que fuese el alma de tu alma.
No habrán poesías ni canciones que valgan, ya está dicho y no hay marcha atrás.
Huiré este fin de semana a una isla con mis amigos, porque pienso que aunque sea tu cumpleaños, debo dedicar tiempo para mí y darme un descanso de todo el trabajo que sobrecarga mi cuerpo últimamente, con el único fin de volver a estar a tu lado. Pero eso no importa. 

Te busqué y anhelé poder sostenerme de tu cuello, pero para ello me sería necesario viajar veinticuatro horas en avión y cruzar más dos grandes océanos y más de siete países. 
Pero te busqué como pude y me dejaste con las manos empapadas. 
Con las manos empapadas y la sensación de estar bajo las suelas de tus zapatos.



domingo, noviembre 11, 2012

14. Tierra trágame, con todo y bici.


Hace una semana empezaron los carnavales en mi ciudad. Razón por la cual, como cada año, se cancelan las clases en colegios y universidades. Se podría decir que es una semana de vacaciones, si no hubiesen exámenes finales después de los ocho festivos. 
Entonces todos están de fiesta, menos los estudiantes responsables como vuestra servidora. 
Me he pasado toda la semana traduciendo para ganarme pesos y pagar deudas, así que era Jueves y no había hecho nada para mi examen final de Operaciones. Esa tarde Kaya me soltó la bomba y me pasé llorando toda la noche.
A las 9 a.m me despierta el teléfono y desde la sala escucho a mi hermanita Minijulieta
-aló

Yo sólo pienso medio dormida... 'carajo, pero tiene que sonar tan alto ese aparato?? compraré un inalámbrico con silenciador, he dicho'

-No, está dormida. (...) está bien, adiós.

Me quedo con palabras ECO en mi cabecita somnoloide "Está dormida... dormida... ida... ida...". 
Estaba hablando de mí. Alguien ha osado interrumpir mi muerta vida social para llamarme en la mañana. Me enojo con sueño y pienso " esa Minijulieta me las va a pagar, siempre le digo que si me llaman y estoy en coma debe despertarme y decir 'un momento por favor". 
De pronto abro los ojos como pop corn recién explotado y recuerdo que he quedado desde hace tres días en ir a la casa de Tati a estudiar.  Me quito los blinders con los que duermo, me desenvuelvo de todas las sábanas, tropiezo con el ventilador junto a mi cama y salgo volada a lavarme los dientes mientras me ducho (cosa que amo hacer, me ahorra siempre unos tres minutos). Me aplico el protector solar, agarro el portatil, Me pongo un pedazo de hielo en los ojos hinchados, me robo un yogur de durazno del refrigerador,  cojo la libreta de apuntes y me subo volada en la bicicleta para ir a casa de Tati.
Me he pasado todo el día pensando en cosas que no son Kaya. Se sintió bien estudiar un rato. 
Después de un monótono día de programas y de inventar redes hipotéticas para aprender a ahorrar presupuesto, agarro mi bici y me doy cuenta que hacía mucho no manejaba. No desde que estuve en aquel otro país con él.
Alejo rápidamente mi mente de su nombre y disfruto. 
Manejar bicicleta siempre me despeja la mente. Me pongo los auriculares y doy vueltas antes de volver a casa. Voy sola con el camino de los barrios vecinos, temiendo caerme con el portátil en mi bolso. No me importa. Sigo manejando feliz. 

Como mencioné, estamos en carnavales y la tradición de esta horrible ciudad en la que vivo dice que las personas pueden tranquilamente convertirse en salvajes y arrojar bolsitas de agua a cualquier transeúnte por la calle. Si éste no quiere ser mojado, debe dar alguna moneda, no importa su valor. De no darla, le arrojan la bolsa de agua. 

Pintad la escena: Julieta despechada y con el corazón roto. Va escuchando música en su bicileta. Tiene la mente cansada de tanto estudiar y por si fuera poco, no ha dormido bien. Va escuchando música en su bicicleta. Va escuchando música en su bicicleta. Va esccuhando música... música. Con auriculares. Está sorda a otra cosa que no sea Freddie Mercury. Va en su bicicleta. Va medio sonriendo sintiéndose libre. Como en las películas. Y como en las comedias, siente de pronto que la música se frenta cual vinilo fuera de lugar cuando tiene en su cara una bolsa de agua reventada que la hace perder el control y caerse de lado con todo y bolso mientras niños no mayores a los ocho años ríen.
No escuché el tradicional 'plata o agua'.

Resignada y medio riendo, me he puesto de pie llena de tierra, me he sentado dignamente en mi bicicleta y he conducido los cinco minutos a mi casa. Me he dado un baño decente y me he sentado a bloggear. Noto con horror que tengo los tobillos ensangrentados y tres uñas rotas. 

Pero bueno, no todo es drama en mi vida... me he reconciliado con mi bici y después de las absurdas festividades de mi ciudad, montaré de nuevo. Lo peor que puede pasar es que me vuelva a caer mientras distraigo mi mente de Kaya, a la vez que pierdo los kilos que ganaré de tanto comer helado en mi etapa depresiva.